Vigilen los cielos: ¡Vienen los aliens!

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El cielo de noviembre se cerró aquella mañana de domingo. Sobre la Casa Rosada, entre nubes negras, la punta de una nave nodriza extraterrestre asomó para demostrarnos que el mundo no volvería a ser el mismo. Yo estuve allí, aquel día cuando llegaron los platillos volantes...

Un Megajuego es un evento para 60 personas (como mínimo).

El domingo 3 de noviembre de 2019 fuimos visitados por los extraterrestres en un Megajuego bien argentinizado. 

Un Megajuego es un evento donde alrededor de 60 personas (como mínimo) toman roles y juegan de forma organizada un juego de mesa a gran escala, donde también pueden intervenir mecánicas de rol en vivo, táctica, política, diplomacia o estrategia de guerra.

En este caso fue Vigilen los cielos (VLC), la experiencia que me reunió con más de 80 personas a jugar. Finalmente, teníamos nuestro ansiado contacto con seres de otros mundos. Cada equipo, que encarnaba a diferentes potencias mundiales como Rusia, Estados Unidos, Argentina o Francia; debían responder a la llegada de la manera que prefirieran.

Prácticamente no hubo limitaciones para reacciones belicosas como tampoco para la fría diplomacia.

La previa (ETA -15 DÍAS)

En realidad, todo comenzó dos semanas antes, cuando nos anotamos junto con un amigo para participar del evento. Mucha idea no tenía, salvo haber escuchado que estos eventos se realizaban en países del primer mundo, donde gente linda se reunía una tarde para ficcionar diferentes tipos de organismos gubernamentales internacionales ante la inminente llegada de seres extraterrestres.

Nunca me imaginé, y fue lo primero que me impactó, el nivel de organización que hay detrás de un evento de esta magnitud. Ni bien aseguramos la asistencia, se nos integró a dos grupos de WhatsApp, uno general y otro de nuestro grupo. Esta vez me tocó ser parte de los hombrecitos verdes.

En el primero de los grupos, se nos compartieron las reglas generales, las reglas de convivencia y un programa del día del evento donde nos contaban que duraría aproximadamente siete horas. En el segundo de los grupos, se nos compartió un documento con las reglas propias de la raza que me tocaba. (Acordé con la organización del evento no spoilear porque mucho de la vivencia va en rolear tu personaje).

En todo momento, frente a cualquier tipo de consulta sobre el evento, sobre la forma de rolear los personajes, el disfraz o lo que sea, se encontraba alguien del equipo de control dispuesto a ayudarnos. INCREÍBLE.

Con el pasar de los días hasta “El Arribo”, estuvimos con los preparativos para la fiesta que terminó siendo Vigilen los cielos. Primero las reglas, después el nombre y la identidad de los equipos y, por último, lo que nos íbamos a poner para ser auténticos seres interplanetarios.

Nada de andar amarreteando. Yo me puse un sobretodo negro que ligué hace unos años en una feria americana, una máscara de cotillón y un sombrerito colla con la inscripción “AMSTERDAM” en rojo. Siempre Dioso, nunca in-Dioso. 

Prácticamente no supimos nada de cómo se organizaban los terrícolas hasta que estuvimos jugando. Después nos enteramos, (dato piola) que a ellos se les proveía una semana antes un puzzle grupal para afianzar el trabajo colaborativo y las relaciones de cara al encuentro. ¡Esto le agregó picor rolero +10!

El juego se realizó en Bastión del Norte, Villa Martelli, en el gimnasio del Club Gaynor.

El Arribo (ETA 0)

Llegamos una hora antes para ponernos al día con las reglas y conocer a los que iban a ser nuestros compañeros de incursión. Nosotros, contra las nueve potencias nacionales preparadas para defender el planeta (ponele) a punta de ojiva nuclear.

El juego es como una especie de modelo de asamblea de la ONU con bocha de psicodélicos. Son 12 turnos de media hora de tiempo real que representan tres meses cada uno, donde los equipos, alienígenas y humanos, interactúan entre sí y toman decisiones.

Estas decisiones se comunican al “Grupo de control” (la organización del evento) el que, a su vez, comunica la resolución y marca el compás del juego. Todo entra en esos 12 turnos. Desde el momento 0, hasta el fin de lo que quede.

En lo que respecta al combate, la acción se desarrolla en un mapamundi gigante con miniaturas de las que vemos en las pelis cuando el rey juega a los soldaditos. Cada turno se pueden tomar acciones para ganar puntos de desarrollo, defender la Tierra o aumentar el pánico mundial y la alarma social.

Además, toda la información de lo que va sucediendo en el juego se imprime posta, en tiempo real, en un diario del evento.

En VLC, el diario no solo cuenta lo que está pasando, sino cómo lo interpreta la sociedad. Se puede leer sobre un atentado terrorista en un congreso de ciencia como también a USA firmando la paz con RUSIA en un evento titulado “Muffins de la paz”.

Todo en un extraño orden gracias al equipo organizador detrás del Megajuego. Para que VLC funcione, hay alrededor de 15 o 20 personas arbitrando en caótica sincronía. 

Durante esas siete horas marcianas, planificamos con total seriedad:

  • Desembarcos de flotas de naves de abducción de seres humanos
  • Intrigas con armas químicas
  • Contactos del tercer tipo
  • Negociaciones interplanetarias
  • Tácticas y estrategias de guerra

Entre muchos otros sucesos surrealistas que no voy a contar para no limitar la creatividad, porque si hay algo que rescato de haber asistido fue la libertad que tuvimos para pensar como extraterrestres.

En ese sentido, está la libertad que se espera de un juego de rol atravesado por un evento social con las reglas de un juego de mesa. Es así también como escapa de lo esperado y lo probable.

Son tantas las personas interactuando que las respuestas no paran de sorprender. Yo, por ejemplo, me sorprendí tres veces de lo fuerte que explotan las bombas nucleares terrestres. 

La partida (ETA + unas horas)

Recomiendo fuertemente la experiencia si te gusta rolear, tenés el finde libre para cagarte de risa y, sobre todo, te gusta el pochoclo. No busques un modelo de la ONU formal, discutiendo temas con rectitud. Es un juego y se nota lo lúdico a flor de piel. Más allá de algunos detalles que pueden pasar de largo relacionados con el arbol de desarrollos, tanto la organización como los jugadores hacen que la ficción se sostenga durante esas horas de forma sólida y divertida, lo que permite entrar en rol y cumplir el sueño de ser una de esas personas que toman decisiones importantes (no siempre inteligentes) cuando se termina el mundo.

Podés dedicarte a socializar, a amenazar países, a hacer la paz, a repartir panfletos o a escribir las noticias. Vos mismo te armás tu rol y lo ponés en práctica. Lo que hacés afecta a todo el mundo. Casi como en la vida real.

Por la naturaleza del evento, no suelen hacerlos muy seguido, pero te podés comunicar con la organización para que te avisen cuando los hacen. Yo los sigo en Facebook, pero podés encontrarlos en su página oficial, donde también cuentan que hacen un Megajuego llamado Independencia, el Megajuego, el primero de su tipo de industria argentina, creado por Yaguareté.(¡vamos, carajo!). Habría que acercarse a ver qué onda. Por lo pronto y hasta el próximo, me voy a dedicar a recordar con una sonrisa aquel día que llegaron los platillos volantes.

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