Hellbound

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Un videojuego de los 90… 30 años después.
Hellbound

hellbound

tiros
sangre
monstruos diabólicos
frenesí 
tensión extrema
música de metal al palo 
colores fuertes
lava
sangre 
barro 
armas enormes
cuerpos musculosos y sucios   
fuego 
más sangre…

De estos bellos conceptos hablamos cuando recordamos Unreal Tournament, Wolfenstein, Duke Nukem y otra infinidad de juegos ochentosos/noventosos que marcaron tendencia hasta por lo menos el 2005.

Con la vuelta de Quake en modo free-to-play, la remake de Wolfenstein y los nuevos Doom (2006, 2016 y 2020), recordamos un poco esa modalidad de juego tan emblemática (que la prensa trató de satánica en su momento), pero Saibot Studios (Argentina) decidió ir más allá y rendirles tributo con un videojuego y licencia totalmente nuevos.  Con ustedes:

 

HELLBOUND

Un videojuego de los 90… 30 años después

Aclaración: no es apto para cardiacos. No por el miedo, sino por la dificultad y lo tenso que te coloca, a tal punto que la violencia del juego se adueña de tu alma por un ratito.

Comenzamos con un personaje grotesco, llamado Hellgore, con una voz muy dukenukezka que no recita poemas de Borges, sino todo lo contrario. Empezamos a los tiros con un fusil de asalto, un puñado de insultos y muy poquitas balas. A medida que recorremos el primer nivel conseguimos diferentes armas de fuego. Obviamente tenemos ataque melé con nuestros puños pero, como en los videojuegos de antaño, no sirve de mucho. 

La jugabilidad es frenética y violenta. No deja descansar en ningún segundo, y la música tampoco lo hace. El juego busca tensionarnos con muchos factores, y créanme que lo logra. 

Hay saves que funcionan como checkpoints en distintos lugares del juego, pero son pocos. La dinámica es así: nos metemos por un lado con poca vida y pocas balas, nos asesinan a tiros, y repetimos el nivel. Pero si encontramos el checkpoint, comenzamos desde ahí. Todo muy lógico, ¿no? Pero volver a empezar el nivel desde cero (o desde el checkpoint) es un dolor de huevos enorme.

 

¿Somos tan viejos?

Hellbound nació como un Kickstarter en honor a Doom. Y cumplió lo prometido. Todo recuerda a los juegos de antes, donde esto era moneda corriente. Representaban un desafío. La frustración y el orgullo nos los guardábamos en el alma.

¿Qué nos pasó? ¿Nos abatatamos? ¿Por qué algo que antes aceptábamos ahora no lo toleramos? La industria cambió y evidentemente nuestra paciencia como jugadores también.

La violencia descarnada, la sangre, lo inocuo del contenido conceptual, la rapidez con la que se dan los enfrentamientos, el recolectar ítems que están ahí flotando esperando a que les pasemos por encima, la forma en que el protagonista camina, todo nos recuerda a esas viejas épocas. ¡Hasta  el mapa con los diferentes niveles de la historia! Esos que adorábamos encontrar en nuestras consolas o en los fichines y que nunca teníamos suficiente tiempo para ver todos los destalles, como los de Battletoads, Cadillacs and Dinosaurs o Captain Commando. Su única función era indicarte, a modo de concepto, a dónde iríamos a patear traseros en el siguiente nivel. 

Ahora bien, debemos decir que es un juego difícil. Cada bala cuesta, y ¡se siente! No podemos ir así por así derrochando tiros: incluso en modo normal eso es imposible. Por otro lado, no hay una historia que seguir. Esto es acción grotesca y gore al mejor estilo noventoso.

Los niveles son más que nada abiertos, a diferencia de los juegos a los que hace honor. Esto nos muestra los avances gráficos que supimos conseguir. Hay muchos lugares ocultos donde podemos encontrar balas, salud y escudo: la santa trinidad. El tema es que la vida te da un solo punto. Nos arriesgamos a caer en la lava para conseguir 5 de vida, ¡cuando un disparo tal vez nos quita 20! Con la armadura pasa lo mismo. Considero que se pasaron con lo difícil. Las cajas de arma te dan 20 tiros. ¡¡¡Déjenme disparar!!! Y, como no hay un mapa dentro del gameplay, se suma la dificultad de que no siempre es claro a dónde ir. Y meterte por cualquier lugar es una suerte de invocación que genera que aparezcan enemigos y en unos segundos te descarguen tantas balas que los insultos que eches al cielo generarán el mismísimo apocalipsis. En Hellbound hay que andarse con mucho cuidado.

Hay dos modos de juego: la campaña, de la que ya hablamos, y algo que no todos los videojuegos que nombramos se podían dar el lujo de tener: un modo survival, que se limita a sobrevivir a hordas de enemigos el mayor tiempo posible.

La duración de la campaña es de unas dos o tres horas. Las mayores críticas son por su duración, pero, al menos desde aquí, Hellbound nos deja un sabor intenso y cortito. Ideal para un domingo nublado o para una pandemia que no se sabe si va a aniquilar nuestra existencia.

Consigan Hellbound en Steam por unos pocos morlacos.  

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